Un día una amiga me confesó que, con mucha sorpresa, cuando nació su hija, empezó a sentir intolerancia y hasta rabia con cosas que hacía su perra, cosas que siempre había hecho. Justo ese mismo mes, encontré la entrevista de Jennifer Lawrence en la que decía “después de tener un hijo, los perros me empezaron a parecer tan miedosos (...) solo los veo como una amenaza”.
Confieso que no había oído mucho de esta situación, pero leyendo los comentarios de la entrevista y teniendo dos experiencias en un mes, empecé a investigar y vi que no eran casos aislados, es algo muy común y que incluso mencionan un término para definirlo “Pet aversion/resentment syndrome” (Síndrome de aversión/resentimiento por la mascota). Aunque aclaro que este término no cuenta estudios ni soporte científico, pero te voy a exponer algunos estudios y hechos científicos que pueden ayudar a entender por qué algunas mujeres se sienten así.
Creo que no se oye hablar mucho de esto por ser de esos temas que por culpa y vergüenza las familias se callan, se guardan y sufren en silencio.
Así que con este artículo espero poder ayudar a esas familias que lo estén viviendo, para que logren entender mejor qué puede estar pasando y saber qué se puede hacer para evitar que el sentimiento escale hasta el punto en que se sienta tan permanente, que lleve a la reubicación o abandono del perro.

Primero te cuento un poco de lo que está pasando en el cerebro, cuerpo y emociones de mamá…
Desde el momento en que el feto está dispuesto para nacer, no solo el cuerpo de mamá se prepara para el parto, el cerebro se inunda de oxitocina y los sentidos se agudizan fuertemente (olfato, vista, oído, tacto y gusto). El cerebro de mamá (y de los mamíferos en general) cambia y muchas veces nace junto con su bebé un instinto de protección que se apodera de su cerebro y ahora siente necesidad de cuidar y proteger a su bebé de todo y a toda costa.
Esto hace que muchas veces las madres se vuelvan muy vigilantes, atentas y meticulosas a todo lo que pueda afectar la seguridad, salud, tranquilidad y estabilidad de su bebé. (Información tomada de: El cerebro femenino, p.157, Louann Brizendine- Neuropsiquiatra y fundadora de Women's and teen girl's mood and hormone Clinic)
Según la organización para salud mental Prairie Care, los niveles de oxitocina, la hormona encargada de generar vínculo, están totalmente elevados y concentrados en tu bebé para poder estar enfocada en sus necesidades, seguridad y bienestar, pero esto"también puede reducir la capacidad emocional para otras relaciones, incluida tu mascota"
Al hecho de que tu cerebro se ajuste para que tu atención y sistema de vinculación emocional esté enfocado en tu bebé y su supervivencia, súmale el cansancio, falta de sueño, la carga mental y emocional, la lactancia (y sus desafíos que nunca faltan), etc.
Y ojo, que en caso de que haya ansiedad o depresión posparto, la carga es aún mayor.
Con estos cambios, se crea la tormenta perfecta para que tus niveles de tolerancia con tu perro (y también con otras personas) baje muchísimo.
Es aquí cuando el perro se puede empezar a percibir únicamente como una carga más: el paseo, la demanda de atención, los pelos en la casa, el olor, los ladridos.
Antes cuando tu perro se subía a la cama a las 4 am para arruncharse en la madrugada, lo veías como un despertar perfecto con tu perro en brazos. Ahora ves que te despiertan cuando por fin podías dormir y que se suben, a donde pones a tu bebé, unas patas que ahora te parecen sucias y llenas de gérmenes.
Que ese ladrido cuando suena el timbre, que antes ni oías, ahora se vuelve toda una amenaza para el descanso de tu bebé.
O tal vez empiezas a sentir que tu perro es una potencial fuente de amenaza y peligro para la integridad de tu bebé sin que te haya dado un motivo, solo son pensamientos que te llegan a la cabeza.

Te hago un pequeño inciso adicional… Es muy frecuente que con la llegada del bebé y todos los cambios que conlleva para tu perro (sobre todo si no hubo un trabajo de preparación antes) haya un pico de estrés muy fuerte y esto puede derivar en conductas indeseadas como: destrucción de objetos, volver a hacer pipí en la casa, lloriqueos, mayor intensidad de ladridos, etc. y sé que esto es una piedrita adicional en el camino de volver conectar con él. Pero aquí lo primero que tendrías que hacer es entender que detrás de eso hay un grito de ayuda, toca empatizar y reconocer que la está pasando mal y es su forma de expresarlo.
Si tu perro está en ese punto, lo mejor sería que contactes con una profesional. Puedes escribirme haciendo clic aquí.
Todo esto es para decirte que, si te estás sintiendo desvinculada o incluso con aversión hacia tu perro, no te sientas culpable, hay seguramente un tema químico, cerebral y hormonal sucediendo por dentro que hace que esto ocurra.
Pero más importante, es que veas que es una etapa y que es temporal. NO es que ya no quieras a tu perro.
Espero que con lo que te he contado y entendiendo mejor lo que puede estar pasando dentro, pueda ayudar a aligerar la carga.
Que bastante ya hay en un posparto...
¿QUÉ PUEDES HACER?
Bueno, ahora que está más claro el por qué, es importante pasar al “ok, pienso trabajar por la relación con mi perro, ¿ahora qué hago?”

Pues aquí van algunas recomendaciones:
Primero darte tiempo, quitarte presión, entender que es una etapa y que seguramente ya pasará.
Si cuentas con red de apoyo, pareja, padre, madre, amig@s que se puedan encargar o ayudar con las responsabilidades de tu perro, ideal. Así tratamos al máximo que no se desatiendan sus necesidades y disminuir el impacto en su bienestar.
Cuando te sientas preparada, empieza a darte pequeños espacios de conexión con tu perro a solas:
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- Dedica así sean 5 minutos para darle unas caricias conscientes, suaves y relajadas. Aprovecha para mirarlo a los ojos y, si te animas, decirle unas palabras de cariño o puedes solo desahogarte (los perros son excelentes oyentes). Siéntate donde estés cómoda e invítalo a acercarse, no le fuerces.
- Ver TV o dormir una siesta junt@s.
- Salir a dar un paseo tranquilo, que disfruten. (Esto es posible solo si tu perro lleva bien los paseos).
- Jugar un rato juntos.
- Retoma en lo posible esas cosas que disfrutaban junt@s hacer antes de que llegara tu bebé.
- Hazlo progresivo, sin pausa pero sin prisa.
En caso de que no te sientas cómoda, con miedo, o que sientas que el vínculo está muy quebrado o que sepas que tu perro la está pasando mal, te recomiendo pedir asesoría profesional, puedes contactarme aquí.
Cuando nace tu bebé, el rol que llevaba tu perro en tu vida y el apego que tenías con él seguramente cambiará y es normal...
Lo que me gustaría lograr con este artículo es que aunque el vínculo y el apego cambie y se adapte a la nueva dinámica familiar, NO DESAPAREZCA.
Quisiera que te lleves una de mis frases favoritas (tomada de Jo, una amiga y compañera profesional):